miércoles, 23 de septiembre de 2020

PINTURA BARROCA Y PLIEGUES

 



Cuadro de Tintoretto, Il Paradiso (1594). Tiempo de trabajo 6 años .Tamaño 7 X 2.2 mts. Actualmente se encuentra en el Palazzo Ducale (Venecia)

 

Se puede apreciar como el concepto de pliegue que menciona Deleuze está presente en esta obra de arte Barroca, Il Paradiso de Tintoretto.

En esta imagen se puede ver tanto los pliegues físicos plasmados en la obra en sí, como los pliegues más sutiles que están relacionados con las diferentes lecturas que se pueden hacer  dentro del cuadro.

La pieza muestra el paraíso, el más allá representado por las nubes donde se encuentran todos los salvados tras el juicio final.

El tema principal es la coronación de la Virgen, como reina del cielo por su hijo  Jesucristo. Las dos figuras se presentan de medio perfil, giradas uno sobre la otra, y flotan sobre la misma nube hecha de querubines.

Como menciona Deleuze en su explicación de pliegues “El Barroco diferencia los pliegues según dos direcciones, según dos infinitos, como si el infinito tuviera dos pisos, los repliegues en la materia y los pliegues en el alma”

Esto confirma como el concepto de pliegue de Deleuze va más allá de un acto o gesto artístico. Es ir profundizando en la pintura, en lo que entrega cada detalle, en su unión con el todo. Es la información que cada persona logra rescatar al estar expuesta a un cuadro barroco.

La imagen seleccionada muestra estos dos pisos, estados o áreas representados en los opuestos superior e inferior, arriba y abajo, en lo inalcanzable y lo común.

Y es ahí precisamente, entre estos que se empiezan a manifestar aquellos pliegues del alma, cuando nos interiorizamos en su lectura, cuando la parte de arriba nos conecta con lo divino, con la creencia, con la fe, con lo sublime, con lo espiritual a través de sus representaciones.

Así como en la parte de abajo, nos enlaza y nos vemos representados  irremediablemente con el común, con la masa, con aquella percepción de ser parte de esa muchedumbre que anhela tener un poco de aquel “cielo” o plenitud.

Y entremedio un nuevo pliegue, un hombre que separa y une estas dos áreas,  un puente, un canal para llevarnos a nuevas lecturas, más personales y únicas. Quién es ese hombre literalmente iluminado que conecta sectores tan diferentes? Puede ser el espectador, puede ser aquella alegoría que realiza el papel de mediador. 

Otra frase que llama la atención en este tema, es aquella que hace mención a los diferentes planos. “La duplicidad del pliegue se reproduce necesariamente en los dos lados que se distinguen, pero que al distinguirlos los relaciona entre sí”

Con esta frase Deleuze muestra la importancia de los pliegues en ambos lados, en ambos estados del cuadro, que es precisamente aquello que lo hace tan interesante.

Y es en esta frase donde el espacio en sí cobra mayor relevancia, porque el cuadro nos atrapa, se abre abarcándonos, atrayéndonos y haciéndonos parte de todo lo que sucede en el.  El cuadro viene a ser el gran pliegue que separa y mantiene unido estas dos realidades y la alegoría viene a ser el conductor entre el espectador y la obra de arte.

Teniendo en cuenta esto, es comprensible entender como la pintura Barroca marca un interés en los espectadores, como los llama a involucrarse, a ser parte de la obra y a navegar por los cuadros para sorprenderse de las nuevas lecturas que se pueden realizar desde la propia vivencia y análisis de cada uno.


Anamar Zúñiga