lunes, 24 de mayo de 2021

LOS LÍMITES DEL COLOR EN EL ARTE PRECOLOMBINO




Cada vez que hablamos de arte precolombino, surge inmediatamente la conexión a una gran variedad de objetos e intervenciones espaciales realizadas por estas comunidades, que sorprende hasta el día de hoy por sus formas y la utilización de una paleta cromática característica.

El color en el arte precolombino se traslada desde la concepción de algo meramente decorativo a un componente significativo importante para la representación y la comunicación.

Esta relación contextual entre color y significado, ayuda a comprender aquello que se quería transmitir de mejor forma entre comunidades, entre ellos mismos y entre estados de consciencia.
Pero lo más llamativo, es observar como el color generaba una especie de barrera, de límite, que tendía a segmentar espacios, territorios, creencias, culturas e incluso identificar la sexualidad o el
período reproductivo de sus habitantes.

En cuanto a diferenciación a partir del color, nos encontramos con el arte funerario de Maytas Chiribayas y Loreto Viejo. Poblaciones locales del desierto extremo norte de Chile, quienes construían
gorros orientados al rito mortuorio de sus habitantes, donde el color cobraba un importante rol de identificación con el pueblo de origen.

Ya que ambas poblaciones compartían territorio, para preservar su cultura, tanto una como la otra, se produce un acuerdo político, social y simbólico en torno al color y su uso, especialmente en este rito de paso.

Así, para los Maytas Chiribayas los colores característicos variaban entre uno y dos colores, teniendo la particularidad de continuidad y dominancia del color. Los de Loreto Viejo, se relacionaban con la
policromía, donde la multiplicidad de colores, la discontinuidad del mismo y la escasa dominancia de tonos era su característica.

En Colores: Signo de América Andina, escrito por Francisco Gallardo y Luis Cornejo, queda de manifiesto la importancia de esta diferencia. “El uso del color manifestaba un orden dentro de una
situación social, en la cual la interacción étnica debió ser uno de los ejes centrales del diario acontecer”

Otro ejemplo, es aquel que sucede en el estudio de los camélidos de Kalina y Taira. Se puede apreciar como el avance desde la escasa presencia del color, en el caso de Kalina, hasta la presencia del rojo,
en el caso de Taira, marca un espacio-tiempo, donde deja de manifiesto el conocimiento que iban desarrollando estos pueblos los animales silvestres y su posterior domesticación.

El color era uno de los indicadores de cambios en la comprensión de realidad de estas comunidades, que mostraba el cómo vivían y su avance en la dominación del espacio.

De la presentación del Evanescente Lenguaje del Arte Rupestre en Los Andes Atacameños, de José Berenguer, se puede apreciar la particularidad del arte Kalina, el cual estaba orientado más a la forma
que al color “Presenta más de 20 paneles de arte rupestre, con hermosas representaciones de camélidos naturalistas, ejecutados mediante finos grabados e incisiones”

Mientras que el texto de Helena Horta, Taira, definición estilística e implicancias iconográficas de su arte rupestre, muestra como el ingreso del color en las representaciones de los camélidos de Taira
se hace presente. “También cabe destacar el hecho de que todos ellos presentan más menos a una misma altura (campo superior de los paneles) figuras llamativas por su color (pintura roja del pictograbado) y tamaño”

Por último, tenemos el ejemplo de la cultura Chorrera. La cual se caracterizó por pintar los órganos sexuales de sus figuras para marcar la diferencia sobre la percepción social de la sexualidad.

A través de sus representaciones se formaba una comunicación entre forma y color. Los artesanos Chorrera generaron una separación entre hombres y mujeres, marcando a través del color la diferencia no solo sexual, sino también reproductiva y de etapa de vida de cada uno de sus habitantes.

Así lo deja en claro el estudio de Colores Signos de América Latina. “Esta desigualdad del color parece hacer referencia a un sistema de categorización de las personas dentro de la sociedad de acuerdo a su
sexo, demarcando con el uso del color una dicotomía entre hombre y mujeres, inclusive entre las mismas mujeres”

Podemos comprender entonces, como el color desde la visión del arte precolombino, empezó a tener independencia, a comunicar algo por sí solo. A través de su incorporación como elemento fundamental, ayudó a delimitar ciertos aspectos, situaciones o espacios necesarios para el buen entendimiento de sus habitantes.