sábado, 19 de junio de 2021

El resguardo de la memoria cultural indígena frente a la colonización

 

 



Es posible que las culturas antiguas frente a la devastadora colonización puedan sucumbir y ser absorbidas por la imposición de otra imperante? O dependiendo de la cultura/ creencia del pueblo que va a ser dominado será el cómo se desarrollará de forma interna el proceso de colonización?

Estas preguntas abren discusiones entre los más eruditos, para comprender cómo en América se logra dar una reacción-respuesta a esta invasión, que en otras partes no se manifestó.

Los pueblos mesoamericanos lograron traspasar su información cultural de todo tipo, arte, creencia, desarrollo de vida, etc a través del tiempo, logrando mantenerse relativamente vivos o en parte presentes, a pesar de la insistencia de la destrucción de los colonizadores.

Esto se pudo dar gracias a su creencia y conocimiento frente a la realidad y especialmente su comprensión del tiempo. Ambos aspectos mencionados son base importante de su cosmogonía, y eso ayudó de gran manera a dar la batalla silenciosa, sobrevivir al desastre y llegar hasta la actualidad, vestigios de estas culturas.

Como menciona, Silvia Rivera Cusicanqui en su texto Un mundo Ch’ixi es posible, rescata esta palabra para ayudar a entender como ambos, nativos y españoles, podían desarrollarse en el espacio manteniendo su esencia, aunque de lejos se viera una mezcla irrefutable.

“El significado de la palabra Ch’ixi simplemente designa en aymara un tipo de tonalidad gris. Se trata de un color que por efecto de la distancia se ve gris, pero que al acercarnos nos percatamos que está hecho de puntos de color puro y agónico: manchas blancas y negras entreveradas”. Este concepto hace comprender como ambas sociedades vivieron y se desarrollaron, aunque desde el presente y con la visión errónea de la lejanía, podamos apreciar que todo se unió formando algo nuevo. 

Por supuesto, que frente a esta concepción de lo sucedido con la colonización aparece su opuesto, como es el sincretismo, tal y como lo menciona Johanna Broda, en su texto La ritualidad mesoamericana y los procesos de sincretismo y reelaboración simbólica después de la conquista.

“La conquista española desmembró la estructura coherente de la sociedad prehispánica en sus niveles local, regional y de sus estados autónomos. Aunque muchos elementos de la cultura indígena sobrevivieron en la época colonial, sin embargo, fueron articulados de una manera nueva dentro de la sociedad radicalmente diferente que crearon los españoles.”

 

Es evidente que ambas posturas se contraponen haciéndonos reflexionar en cuanto a cómo se desarrolló todo este acontecimiento en nuestro continente, desde la parte cultural y si efectivamente lograron mantenerse a salvo de tal imposición.

Basta con indagar un poco sobre cada una de las diferentes comunidades de aquel tiempo para encontrarnos con un sinfín de creaciones, mitologías, leyendas, comidas, creencias, vestuarios, simbologías, rituales y mucho más.

Todo aquello ha atravesado el tiempo para recordarnos que la cultura mientras deje huella, mientras se recuerde una y otra vez es imposible que muera. Siempre habrá algún vestigio que dará ese aliento a aquello que se creía extinto. Aquí está el legado y su historia, vino a asentarse en este futuro que no es más que el pasado de ellos mismos.

Frente a esto, y a modo de reflexión quiero dejar la obra del escultor Víctor Zapana, el mismo que entrega la palabra y significado Ch’ixi a Cusicanqui y de donde se desprende todo su estudio.

 

Sobre cómo se realizó el busto que rinde homenaje al organizador del Imperio Aymara, el escultor Efraín Callizaya, docente de la Academia Nacional de Bellas Artes, cuenta que la Alcaldía Municipal encargó al escultor Zapana realizar la efigie de Huyustus.

Zapana, amante de la historia y de los mitos, inició un trabajo de investigador, el cual lo llevó a consultar varias leyendas que concluyeron en lo mismo: Huyustus era un personaje mítico de quien solamente se sabía que conquistó el valle del Choqueyapu en un pasado sin fechas, por tanto, no había imagen ni descripción de éste.

Zapana optó adoptar una efigie simbólica del personaje. Meditando en su acostumbrada silla, desde donde daba cátedra a los alumnos de la Academia Nacional de Bellas Artes, llamó al portero del recinto, un hombre llamado Carlos Blanco, y le pidió a este servir de modelo.

Al cabo de algún tiempo, el rostro de Blanco quedó plasmado en el busto.

 


Escultura realizada en piedra basalto negro en 1977. Está ubicada en una jardinera de la avenida Arce de la zona de San Jorge, La Paz, Bolivia.



Anamar Zúñiga