Es
posible que las culturas antiguas frente a la devastadora colonización puedan
sucumbir y ser absorbidas por la imposición de otra imperante? O dependiendo de
la cultura/ creencia del pueblo que va a ser dominado será el cómo se
desarrollará de forma interna el proceso de colonización?
Estas
preguntas abren discusiones entre los más eruditos, para comprender cómo en
América se logra dar una reacción-respuesta a esta invasión, que en otras
partes no se manifestó.
Los
pueblos mesoamericanos lograron traspasar su información cultural de todo tipo,
arte, creencia, desarrollo de vida, etc a través del tiempo, logrando
mantenerse relativamente vivos o en parte presentes, a pesar de la insistencia
de la destrucción de los colonizadores.
Esto
se pudo dar gracias a su creencia y conocimiento frente a la realidad y
especialmente su comprensión del tiempo. Ambos aspectos mencionados son base
importante de su cosmogonía, y eso ayudó de gran manera a dar la batalla
silenciosa, sobrevivir al desastre y llegar hasta la actualidad, vestigios de
estas culturas.
Como
menciona, Silvia Rivera Cusicanqui en su texto Un
mundo Ch’ixi es posible, rescata esta
palabra para ayudar a entender como ambos, nativos y españoles, podían
desarrollarse en el espacio manteniendo su esencia, aunque de lejos se viera
una mezcla irrefutable.
“El
significado de la palabra Ch’ixi simplemente designa en aymara un tipo de
tonalidad gris. Se trata de un color que por efecto de la distancia se ve gris,
pero que al acercarnos nos percatamos que está hecho de puntos de color puro y
agónico: manchas blancas y negras entreveradas”. Este concepto hace comprender
como ambas sociedades vivieron y se desarrollaron, aunque desde el presente y
con la visión errónea de la lejanía, podamos apreciar que todo se unió formando
algo nuevo.
Por
supuesto, que frente a esta concepción de lo sucedido con la colonización
aparece su opuesto, como es el sincretismo, tal y como lo menciona Johanna
Broda, en su texto La
ritualidad mesoamericana y los procesos de sincretismo y reelaboración
simbólica después de la conquista.
“La
conquista española desmembró la estructura coherente de la sociedad
prehispánica en sus niveles local, regional y de sus estados autónomos. Aunque
muchos elementos de la cultura indígena sobrevivieron en la época colonial, sin
embargo, fueron articulados de una manera nueva dentro de la sociedad
radicalmente diferente que crearon los españoles.”
Es
evidente que ambas posturas se contraponen haciéndonos reflexionar en cuanto a
cómo se desarrolló todo este acontecimiento en nuestro continente, desde la
parte cultural y si efectivamente lograron mantenerse a salvo de tal
imposición.
Basta
con indagar un poco sobre cada una de las diferentes comunidades de aquel
tiempo para encontrarnos con un sinfín de creaciones, mitologías, leyendas,
comidas, creencias, vestuarios, simbologías, rituales y mucho más.
Todo
aquello ha atravesado el tiempo para recordarnos que la cultura mientras deje
huella, mientras se recuerde una y otra vez es imposible que muera. Siempre
habrá algún vestigio que dará ese aliento a aquello que se creía extinto. Aquí
está el legado y su historia, vino a asentarse en este futuro que no es más que
el pasado de ellos mismos.
Frente
a esto, y a modo de reflexión quiero dejar la obra del escultor Víctor
Zapana, el mismo que entrega la palabra y significado Ch’ixi a Cusicanqui y de
donde se desprende todo su estudio.
Sobre cómo se realizó el busto
que rinde homenaje al organizador del Imperio Aymara, el escultor Efraín
Callizaya, docente de la Academia Nacional de Bellas Artes, cuenta que la
Alcaldía Municipal encargó al escultor Zapana realizar la efigie de Huyustus.
Zapana, amante de la historia
y de los mitos, inició un trabajo de investigador, el cual lo llevó a consultar
varias leyendas que concluyeron en lo mismo: Huyustus era un personaje mítico
de quien solamente se sabía que conquistó el valle del Choqueyapu en un pasado
sin fechas, por tanto, no había imagen ni descripción de éste.
Zapana optó adoptar una efigie
simbólica del personaje. Meditando en su acostumbrada silla, desde donde daba
cátedra a los alumnos de la Academia Nacional de Bellas Artes, llamó al portero
del recinto, un hombre llamado Carlos Blanco, y le pidió a este servir de
modelo.
Al cabo de algún tiempo, el rostro de Blanco quedó plasmado en el busto.
Escultura
realizada en piedra basalto negro en 1977. Está ubicada en una jardinera de la
avenida Arce de la zona de San Jorge, La Paz, Bolivia.
Anamar Zúñiga

