Fotografías en blanco y negro,
realizadas a diferentes personas que han sufrido algún acontecimiento en su
cuerpo, el cual ha dejado huella o cicatriz importante que determina su
existencia de por vida.
Esta señal o marca registrada en
la piel, es también aquella que vincula la impresión profunda y duradera que
dejan estos hechos a nivel interno. Es así como la cicatriz entonces, es el
punto de unión entre los eventos externos y la lectura que se puede hacer de
ellos desde la parte emocional.
Al igual que “Kintsugi”, técnica
milenaria de Japón que consiste en reparar piezas de cerámica rotas, esta
selección de fotografías busca unir cada una de ellas, siguiendo una
construcción de línea armónica de 4
metros de largo (30 fotografías), para crear un todo, que conecte las
diferentes adversidades, resaltando a través de esta metáfora, la importancia
de la resistencia y el valor frente a lo inesperado.