CERRO BLANCO Rugendas,
Juan Mauricio (1802-1858)
ca. 1835 Dibujo sobre papel 20 x 25 cm
Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile
La admiración que tenemos hacia la Academia ha sobrevivido
desde la incorporación del Arte Europeo en el momento de la colonización hasta
la actualidad, a pesar de los grandes esfuerzos por comprender, analizar y
valorar nuestra realidad, entorno y expresión.
Hay algo, casi indescifrable que nos une, que nos liga hacia aquellos que impusieron su presencia, anulando con ello todo el proceso de desarrollo propio de aquellos “indígenas”. Esa figura paternalista quedó implantada en el inconsciente colectivo y volvemos siempre a ella en busca de la tan anhelada aprobación.
Uno de los extractos en los que podemos ver representado este
suceso del pasado y que se replica de una u otra forma hasta la actualidad, es
aquel que describe Charles Darwin en su libro Viaje de un Naturalista, en el
apartado quiénes eran los fueguinos.
“Nada más curioso que observar las conductas de los
salvajes hacia Jemmy Button cuando desembarcamos. Enseguida notaron la
diferencia entre ellos y nosotros, lo que dio lugar a una conversación muy
animada entre ellos. Después el anciano dirigió un largo discurso, pero Jemmy
comprendió muy poco de su lengua y además parecía estar avergonzado de sus
compatriotas. Examinaron el color de su piel y lo compararon con la nuestra.
Uno de nosotros mostró su brazo desnudo y se extasiaron con su blancura,
lanzando exactamente las mismas exclamaciones de sorpresas y haciendo los mismos
gestos ante mí que un orangután en el zoológico de Gardens”
Este breve relato muestra las
primeras interacciones entre las dos realidades y cómo ambas se comportan ante
un mismo evento. Si tomamos esto y lo logramos llevar como simbolismo al
desarrollo del Arte en nuestro país, podemos entender como nuestra visión tiene
un alto grado de dependencia cultural con lo foráneo (técnicas, estilo y arte),
hay una admiración hacia lo nuevo y un intento por replicar. Por supuesto que todo esto generó un quiebre de
la naciente creación propia de estas tierras, marcándonos durante siglos.
Tal y como lo mencionan Ivelic y
Galaz en su libro La pintura en Chile, desde la colonia hasta 1981. “El
desarrollo artístico no permaneció ajeno a esta europeización, a partir de la
generación de artistas extranjeros no hubo lugar para renovar los impulsos
originarios de una fuerza primitiva y ancestral. La fuerza primaria del
indigenismo, la mentalidad ambivalente del mestizaje la naturaleza virgen
agreste y selvática no tenía cabida”
Así nuestra visión y percepción
del arte se fue asimilando e interiorizando con conceptos ajenos. Las
comprensiones y habilidades propias frente a este tema fueron menospreciadas y anuladas,
no dejando más alternativa que aspirar a algo que no nos pertenecía. Los retratos de personas de la alta sociedad,
escenas históricas o religiosas se imponían por fuerza.
Sin embargo, un cambio importante
sucede de la mano del patrón Europeo y que será un beneficio de cierta manera
para nuestro arte local. Los movimientos artísticos rejuvenecedores obligaron a
las academias a incorporar nuevos procedimientos y cambios temáticos. Es así
como el paisaje empieza a retomar su puesto en los salones, los artistas
nuevamente se empiezan a interesar por el. Y esto hará que lugares de nuestro
país puedan empezar a ser retratados, las acciones de la gente del pueblo será
reflejada en las pinturas rodeadas de naturaleza y comenzará a quedar un
testigo visual de las vivencias cotidianas.
La importancia de este cambio, lo
manifiesta de forma clara y concreta Ivelic y Galaz. “Esta predilección tendrá
fundamental importancia en la evolución de la pintura nacional; el artista al
refugiarse en el paisaje, comienza a entender lo que significa expresarse
plásticamente, abriendo una riquísima veta a la imaginación y a la libertad
creativa”
EN LAS
CORDILLERAS DE CHILLÁN, QUEBRADA DEL MANZANO
Jarpa Labra, Onofre (1849-1940) 1893
Óleo sobre tela 131 x 200 cm
Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile
Como ejemplo podemos observar la pintura de Onofre Jarpa Labra, quien estaba dentro del período y quiebre artístico mencionado. Él fue uno de los primeros de la generación de artistas que adoptó el paisajismo chileno. Estudió en Chile y posteriormente en Europa para luego regresar a su país con ideas opuestas al realismo.
Si bien, en la actualidad hay una
clara consciencia de rescatar y valorar nuestra comprensión del arte, especialmente
por los jóvenes, aún nos atan lazos fuertes de unión con el arte europeo.
Incluso en el momento que se
pensó ser revolucionario en la pintura chilena, con la incorporación del
paisajismo, también era un “seguir a otro”, que posteriormente fue aceptado por
la misma Academia.
Son siglos de haber posado
nuestra mirada allá afuera, en lo que no nos pertenece, en lo lejano, incluso en
lo incomprensible. Ahora, recién estamos centrando la atención en nosotros, y
la visión se vuelve hacia el interior de un país, hacia su análisis y la
valoración de todo su proceso.
Anamar
Zúñiga

